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Mr. Útil. -Capítulo XXVIII - Badía va al cementerio

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Llaves 001   Esperaba más de la tía de Conejero –la tía Julia; ¡si os contara!– que el que se presentara al entierro del capullo de su sobrino con esa bata de estar por casa que ella llama vestido. No soporto a la gente que se pone cualquier trapo para ir a un entierro. Y no salgas con que quien sea está destrozada por el dolor porque me parece una mierda de excusa. Me gustan los entierros, no quiero que nadie me los estropee. ¿No es encantador este ambiente?, tan teatral, con la gente toda tan maqueada para la ocasión con esos trajes oscuros fantásticos recién salidos del fondo de un arcón. Y las poses, ese no saber cómo ponerse, qué decir, pero es igual, porque todo está tan ritualizado, todo es tan sabido.  Si me gustan los entierros debe ser porque creo ser inmortal. Sé que es una estupidez decir esto, pero es más estúpido el vivir negando lo que sientes, ¿no? Es una cosa que siento, que he sentido, profundamente, siempre –y  cuando más profundamente  en l...

Mr. Útil -Capítulo XXVII- Algo te observa entre las hierbas altas

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    Yoshi Sislay   Hoy he vuelto a soñar con los leones, con las leonas si te pones exacto . Como siempre estoy más arriba en la ladera,  por encima de los bichos , más que oculto, fundido  entre los almendros,  los algarrobos. Ellos, ellas, hoy se ocultan entre  l os matojos de hierba seca de la altura de un niño que crecen en los bordes de los bancales altos, de los rincones en los que en algún momento hubo la suficiente humedad para que brotaran. Aquí arriba los muros de piedra seca que contienen  los bancales en terrazas necesitan reparaciones, pero  según descienden hacia el valle oculto y el rio están mejor mantenidos y se pueblan de olivo s  cuyas hojas a capricho del viento cambian de color, de gris a plateadas, de plata a verde, de este a pura luz.  En este terreno, entre las hierbas altas, los leones son casi invisibles, pero yo se distinguirlos , veo como mientras descansan apoyan el vientre en la tierra para robarle...

Mr Útil -Capítulo XXVI- Porcentaje

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  Número cuatro   Pol está en su despacho hablando por dos teléfonos puestos en altavoz a la vez. Consigo cruzar un segundo su mirada con la mía. Me hace un gesto que en todos los idiomas significa después, lo dejo allí y e llego al mío que parece más vacío y más despersonalizado que nunca. Qué adecuado sería recoger todas mis cosas y largarme dando un portazo, pero es imposible. No hay nada mío que recoger, el despacho no tiene puerta y necesito este empleo, al menos un poco más. Abro el cajón de la mesa y dejo deslizar el pequeño martillo en el interior; la cabeza toca el fondo y el mango se queda reposando en mi mano. Badía y Pol, Pol y Badía, el dúo maravilla. Pol está en la puerta, parece a punto de decir algo, pero se lo piensa mejor y no dice nada, prefiere tenderme un sobre marrón muy grueso. – Esto es para ti, no es una gratificación, es un porcentaje. ¿Qué significa la declaración?, ¿Qué he atravesado alguna especie de frontera y ahora soy parte de... de qué, ...