Mr Útil - Capítulo XXX - Badía entretenido
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| Badalona |
Aunque ya hace la tira que salí del cementerio todavía no se me ha ido el punto filosófico de la cabeza. Continúo dándole vueltas a la cabeza con que todo está conectado, todo está en movimiento. Suena a mierda jipi, pero no puedes negar que todo avanza hacia el mismo lugar, un lugar llamado fin; es así, no podemos engañarnos. ¡Pero todos lo intentamos!, ya lo creo que lo intentamos. Pasamos el tiempo mirando a los lados, cultivando vicios pequeños, reproduciéndonos, cualquier cosa menos mirar hacia adelante, a aquel punto, allá a lo lejos, que no hay manera de evitar que continúe creciendo hasta ocupar todo el horizonte. Sí, preferís no hablar de ello, sería estropear el ahora. ¿Por qué pensáis que este ahora tiene algo de especial? El ahora es especial solo cuando te está faltando el aire y por fin consigues respirar. Me deberíais estar agradecidos por demostrarlo. Soy un servicio público. Me merezco una subvención.
Estoy excitado, la gente con la que me cruzo parecen marionetas manejadas por algún torpe titiritero, casi colgando a peso de las cuerdas. Yo no es que mueva por comparación como un gamo –que es un bicho que corre muchísimo, además de una marca de escopetas–, pero hasta parado parezco ir a otra velocidad. Si me apoyara en la pared a mi espalda –solo un momento, no quiero estropearme el traje–, sentiría el peso de los secretos del edificio, como muchas voces hablando bajito en un idioma que casi puedo entender. Es mentira claro, pero me gusta pensarlo, acariciar la idea dentro de la cabeza, tiene el sabor de un recuerdo, de algo que podía hacer o que podré hacer, un recuerdo del futuro. Mientras todo es brillante bajo el sol y he seguido a una marioneta hasta aquí. Me interesa el titiritero al otro lado de los hilos. Tengo una idea aproximada de quien es. ¡Qué coño!: lo sé. ¿Tú no?
El Mesón del Jamón. Me gusta el jamón, el bueno, paso de la carne cruda salada, que dan en algunos sitios. Sitios que tienen la misma pinta que el Mesón del Jamón. En serio, ¿no se podían romper más la cabeza con el nombre? Es un local profundo. A primer golpe de vista, tal como es el barrio, tendrá una salida trasera al patio interior de la isla. Quizás tiene terraza detrás. Suponte que quieres encontrarte con alguien y luego largarte rápido. Si te cuelas al patio puedes escoger entre muchas salidas desde el interior de la manzana. El titiritero es ingenioso, siempre lo ha sido. Daré una vuelta a la manzana, buscaré cosas que no deberían estar ahí. Furgos en doble fila, tipos con prismáticos, motos sin candado, ya veré. En el peor de los casos si se mueve muy deprisa yo también puedo cruzar por el interior.
He reseguido la mitad del bloque cuando me suena el teléfono.
–Está en la terraza del edificio, creo. Una cuerda cuelga por un patio de luces hasta la ventana del lavabo del mesón. Intentaré alargar un poco la entrega. Localice a ese cabrón.
No entiendo nada, tampoco es que haya escuchado con mucha atención, la voz del tipo era… venenosa. No sé de qué me extraño, al fin y al cabo, no es más que una serpiente con educación. ¿Qué me estaba explicando?; dudo un momento, luego lo entiendo todo ¡una cuerda!, ¡la terraza! Ingenioso, ya lo creo. Acelero el paso. Se abre la puerta de un portal, salen dos niños corriendo y me cuelo dentro. Llevo haciendo esto toda la vida: colarme por los huecos que otros van dejando. Una flechita luminosa me informa que el ascensor se aleja hacia el cielo. Yo comienzo alegre, imparable, a subir la escalera, tan fácil, tan rápido, como si tuviese alas en las espaldas. Es bueno darle a las patas,además me da tiempo a poner palabras a mis pensamientos. Apuesta uno: el titiritero, si realmente está en la terraza, no tiene intención de bajar por la escalera que corresponde al Mesón, a no ser que quiera darse de morros con la marioneta, y eso es lo que ha estado evitando todo el rato. Apuesta dos: las terrazas de las diferentes escaleras no están comunicadas, pero si subes hasta cualquiera con más o menos dificultades te puedes trasladar a las contiguas. No sería extraño en este barrio de bloques que parecen familía. Apuesta tres: si llego hasta la terraza de esta escalera desde allí podré echar un vistazo a las otras terrazas y localizarlo. Quizá podría tener una oportunidad de hacerme con la pasta. No creo que esto le gustase mucho al cliente. ¿Qué está pagando? ¿Un secuestro? Esto tiene toda la pinta de un rescate. No, él no se llevaría a nadie, el chavalín es recto como una flecha, si va por ti, va por ti.
Se me acaba la escalera. Frente a mí, la puerta que lleva a la terraza. Palpo el picaporte y me entra el bajón ¿si está cerrada? No es una puerta muy sólida, pero cargármela... meterá un escándalo que no es muy de recibo ahora. Sacudo un poco el picaporte, solo por probar, siento más que escucho un clic y la puerta se abre. Tenía que ser así, las piezas continúan encajando, cayendo en su lugar. Cruzo el dintel, al otro lado el sol y el olor del jabón me reciben.
Me gustan las terrazas, son sitios mágicos, diferentes. Una ciudad sobre la ciudad. He pasado mucho tiempo en las terrazas jugando, saltando, cazando, huyendo. Son un desierto lleno de vida, el paraíso de los gatos más arriesgados. Sé mucho sobre ellas. Lo más importante es que no es lugar para ir improvisando, están llenas de callejones sin salida. Pasos que parecen sencillos resultan ser marrones que te cagas. El chavalín conoce estas terrazas, tiene un camino para entrar y otro para salir. Yo tendría un camino que pudiese bloquear con facilidad y... Un ruido me interrumpe el flipe. A mi derecha un ejército de sábanas se mecen perezosas. Una sombra se mueve entre ellas. Hay una chavala colgando ropa, está de espaldas a mí. Lleva puestos unos grandes auriculares blancos y canturrea ajena a todo. La ignoro. He de orientarme. ¿Dónde estoy yo?, ¿dónde está él? Más sencillo imposible, en la terraza de justo enfrente, al otro lado del patio de isla, hay un tipo con los brazos y un buen trozo de cuerpo metido dentro de lo que parece una chimenea bastante grande a la que le han desmontado el sombrero. Allá voy, Señor Titiritero, no sé qué coño voy a hacer cuando llegue.
